Lunes 07/01/2002

La gracia y desgracia de las señales es que son fáciles de reconocer, pero imposibles de interpretar con certeza. Una señal puede ser una coincidencia, como conocer a alguien y descubrir que estuvieron en el mismo lugar y momento hace 3 años atrás, o un encuentro inesperado, por ejemplo con un perro que es igual al que tuviste cuando niño. Dejando de lado la interpretación esotérica e irresponsable, esa que te escuchas en un programa nocturno en la radio y que te puede hacer reír hasta terminar con los músculos del estómago adoloridos, me quedo con las interpretaciones de la voluntad de Dios.

Gracia Cosmelli, nos cuenta El Mercurio, es una licenciada en filosofía, que ayudó a fundar un jardín infantil y más tarde un colegio. Tuvo que trasladarse de ciudad y desligarse del proyecto, y sufrió como si hubiera que tenido que dejar a un hijo recién nacido. Un proyecto que la motivaba, y que apenas empezado tenía que abandonar. Pero, como todo en la vida tiene explicación, también este gran sufrimiento debía tener una muy buena. Y la explicación llegó en dos partes. Primero, descubriendo que sus hijos la necesitaban más tranquila en casa. Segundo, llegando de vuelta embarazada de mellizas. Eso le dejó clarísimo que Dios quería que fuera mamá primero, segundo y tercero. Entonces, y cuando las mellizas ya habían crecido un poco, tuvo a su décimo hijo.

Aún cuando con tanto hijo se le venía el mundo encima, Gracia sabía que Dios hace bien las cosas y que era mejor que Él planificara su familia. Eso es lo bonito de saber como interpretar las señales. No vaya uno a confundirse y termine llenando el mundo de niños. O votando por Joaquín.
ch@personajes.cl

Primer día Ayer Mañana Indice