esta era una mañana cualquiera. afuera de la ventana se escuchaban bocinas. adentro había olor a encerrado.
afuera era lunes. adentro todavía era domingo. yo estaba solo, triste y abandonado. más solo y abandonado
que triste, pero triste al fin. anoche había estado en un bar con Adelita. el bar estaba lleno. nos fuimos a
otro bar más vacío. después de probar la cerveza aguada descubrí por qué estaba tan vacío. yo estaba medio
volado. ella está embarazada. me echaba la culpa de todo, y yo me hacía el gil. entonces entro Cata. yo no
la conocía. saludó a Adelita y después eructó en mi cara. me pidió disculpas. le agarré una goma y se río
como Gilligan en la isla de ídem. siempre odié esa maldita isla, así que la perra me apestó de inmediato.
Adelita insistió en que se sentara con nosotros. con Cata andaba Moncho, un casi primo que venía llegando
de Chiapas. "todo muy cool", dijo. "onda revolución, onda sixties", dijo. "todo muy freak", dijo. usaba una
polera estampada con la foto del Ché. la de Cata decía "Simplemente María". Moncho empezó a contar una especie
de anécdota. me paré para ir al baño, y en la puerta encontré a Bastian Bodenhofer. me encerré en una de las
casetas, y cagué. no había papel ni agua, y tuve que limpiarme con la corbata. Cata se estaba tomando unas
capsulitas de colores con un poco de gin. Moncho le decía algo en la oreja a Adelita. Adelita miraba por la
ventana hacia la plaza. yo tarareaba para mis adentros un viejo tema de Miles Davis. estaba en la barra de un
bar, en un domingo santo, en el año de mil novecientos 94, viviendo una noche mas en mi linda ciudad.
PD: esto también pertenece a los archivos de pEREZ!, mismo año de 1994
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