Domingo 30/12/2001

Querido diario:

Hoy hice un par de milagros de consideración. No es que a estas alturas me sorprenda, tu lo sabes bien, pero resucitar a un muerto no es tampoco cosa de todos los días. Pasaba por un pueblo predicando, no me preguntes el nombre mira que de tanto predicar los pueblos ya me parecen todos iguales, y vimos un grupo llorando frente a un sepulcro. El olor te lo encargo, el finado llevaba ya varios días y la piedra nunca ha sido un gran aislante para esas cosas, así que Pedro casi vomita. Bueno, yo también, pero por suerte para él no está obligado a guardar la compostura. Tampoco lo intenta mucho, si quieres que te diga, y ya le conozco varias que me hacen dudar de sus capacidades. A quien engaño, si los otros no son mucho mejores.

Cada día estoy más convencido de que debería haber una selección de personal, y no dejarlo todo a la mano de Dios. Nada personal, viejo, pero tu no sabes lo que es andar por acá abajo con estos pobres cristianos. Buenos chatos, seguro, pero bastante ineptos. Tengo que hacerlo todo yo. Mañana estoy invitado a un matrimonio en Canaan, y espero que no me toque trabajar. Me vendría bien un relajo, con un vinito y un poco de conversación de sobremesa. De baile ni hablar, seguramente van a ser tres días con típica música de matrimonio. ¿A nadie se le ocurrirá otra cosa más que esas coreografías con velos?

Sobre las instrucciones del viejo todavía no tengo nada nuevo. Anda misterioso y habrá que tener paciencia. Ya te contaré cuando lo sepa, pero espero que no sea nada muy sacrificado. Vacaciones es lo que me hace falta. La verdad es que estoy bastante cansado, y no me molestaría estar un par de días de guata al sol.
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Adolece
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