Es cierto que no podemos arreglar todo a la vez, pero aún así me parece injusta la discriminación positiva.
No me refiero a cosas pedestres como la contratación de un cierto número mínimo de mujeres, sino a situaciones
más generales. Por ejemplo, que las campañas y los mensajes de nuestros líderes políticos y morales pidan un
mundo mejor para los niños, como si los adultos tuviéramos menos importancia. O que los ecologistas defiendan
a las ballenas pero no a las vacas. Prefiero que las ballenas se extingan, si es que al salvarlas con el tiempo
terminan siendo tantas que faenarlas vuelve a ser políticamente correcto. Tal vez habría que mantener todo al
borde de la extinción para obtener un mejor trato, porque la abundancia siempre es sinónimo de que todo
está permitido.
Lo siento por Greenpeace, pero las vacas no me inspiran menos respeto que las ballenas. Los adultos no me inspiran
menos respeto que los niños. Los hombres no me inspiran menos respeto que las mujeres. ¿Quién dijo que no se
puede respetar todo a la vez?
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