Hoy empieza el segundo mes desde que me propuse escribir todos los días a modo de terapia ocupacional. Pero hoy
no es Viernes 21 sino Martes 25. Sólo coincidencia, un viaje de fin de semana a la playa, y nada simbólico. O si.
Los símbolos no se deciden voluntariamente. Hagamos como que hoy es Viernes.
A propósito de que hoy empieza este segundo mes, y que en esta columna me he dedicado casi todo el tiempo a
ejercer de opinólogo, opinemos un poco sobre un cierto de tipo de opinadores con título. El periodismo es una
profesión, quien podría negarlo, pero no entiendo porque no es sólo que un oficio. ¿Es razonable que se necesite
casi la misma cantidad de años de estudio para salvar gente de la muerte, o diseñar un edificio de veinte pisos,
que para escribir en la sección de espectáculos en un diario? Algo anda mal por ahí. No me parece que haya que
tener un título universitario para ser reportero, así como no se necesita para ser repostero.
Por supuesto los periodistas pueden ser más que reporteros. También pueden investigar y escribir grandes
reportajes, o reflexivas e interesantes columnas de opinión, pero para lograrlo necesitan saber del tema del que
van a escribir. Bueno, no siempre pasa pero concentrémonos en los que se preocupan de saber. Aquí entonces está
la segunda incógnita. ¿Por qué no enseñarle cómo investigar y escribir a alguien que sabe mucho sobre un tema,
en vez de dejar que alguien que sólo sabe lo primero se las arregle para juntar un poco de información sobre
lo segundo? El periodismo no sólo podría ser un oficio, sino además un post título.
Un periodista es un envase vacío. Un lindo envase, capaz de llenarse con los más educativos brebajes, pero
irremediablemente vacío.
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