¿Cómo vamos a vivir en un mundo donde no existan las pruebas? Cuando la palabra dejó de tener valor, quiero decir
cuando pudimos seguir diciendo te quiero pero ya no bastaba con decir yo no la maté, tuvimos
la fotografía. Y luego las grabaciones de audio en cintas magnéticas. Y el cine. Y el video. El registro al
servicio de la verdad y la justicia. Las mismas maravillas que permitían guardar la primera sonrisa de tu hijo,
podían demostrar irrefutablemente que el mayordomo era el culpable. Pero todo se lo fue llevando el viento.
El cuarto oscuro, la sala de edición, el computador. Entonces las más recatadas celebridades aparecieron
desnudas en otros cuerpos. Y Natalie cantó con Nat King Cole. Y Forrest Gump le dio la mano a JFK. Y las pruebas
se convirtieron en adornos.
Por supuesto, en el mundo real las cosas se demoran un poco. Las fotos siguen incriminando, los videos siguen
desenmascarando, y las grabaciones de audio siguen bajando candidatos presidenciales. Nadie puede demostrar que
la confesión de Bin Laden realmente ocurrió, ni que los documentos que dicen haber encontrado son legítimos. Sin
embargo, bastan para bombardear países, destruir regiones, y matar civiles inocentes. A propósito, ¿los soldados
son todos culpables?
Una vez pregunté si podíamos considerar que existía una partícula cuya presencia no podíamos medir. Imaginen una
partícula que no podemos ver, tocar, oír, oler o escuchar. Que si deja rastros en su interacción con otras
partículas, estos tampoco podemos medirlos. No podemos medir su posición, no podemos medir su velocidad. Y la
respuesta fue, por supuesto, que podemos deducir su existencia. Y problema resuelto. Hacemos cómo que
existe, y ordenamos el mundo a su alrededor.
¿Cómo vamos a vivir en un mundo donde no existan las certezas? Sorpresa. Nunca nos fuimos de casa.
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