Lunes 10/12/2001

La idea de que existan los placeres culpables me parece un oxímoron. ¿Por qué debería avergonzarme de haber comprado el disco Dos de Myriam Hernández? ¿O de leer periódicamente Papelucho Historiador?. Incluso al revés. ¿Qué tiene de malo que haya encontrado insoportablemente mala Requiem por un sueño? ¿O haberme entretenido cómo loco con Máxima Velocidad? El placer, estético, sexual, intelectual, emocional, místico, o sensorial en general, debería aparecer en la lista de derechos humanos. O no. En realidad no me importa.

Cada loco con su tema. Pero, puestos a escoger, prefiero la revista El Sábado a The Clinic, Kevin Smith a David Lynch, Amores de Mercado a El Mirador, Notting Hill a Bleu, los fideos con salsa de tomate al manjar con lúcuma, Los Jaivas a Los Tres, la fotografía tradicional a la digital, Separata a Seminare, las olas a las playas tranquilas, el Arribar al Santo Remedio, dormir a ir a un cumpleaños, Christina Ricci en Los Locos Addams a Natalie Portman, el día a la noche, perder la vista a perder el tacto, el cine al teatro, el té al café, hablar con mujeres a hablar con hombres, la lluvia a los paraguas, el correo electrónico al teléfono, caminar a andar en auto, The Wall a The Piper at the Gates of Dawn, no saber a saber, decir no a decir si, llorar a sonreír, los libros a las páginas web, las especulaciones a las encuestas, el desorden responsable a la paz y tranquilidad, los bares a los museos, El Imperio Contraataca a La Guerra de las Galaxias, la intuición a la certeza, el caos al cambio, las mujeres pálidas al bronceado fascinante, hablar de fútbol a hablar de literatura, el Hoyts de La Reina al Normandie, los juegos de video a los Scouts, las donuts a los berlines, la moda frívola a la moda intelectual, el ron a la cerveza, la cuchara al tenedor, lo agradable a lo correcto, la literatura a la Sociología, la Coca Cola al agua y, seguramente, la muerte a la vida eterna.

Nota perna: Si bien el diccionario Simon & Schuster reconoce la palabra castellana oxímoron como traducción de la inglesa oxymoron, el de la Real Academia de la Lengua de 1992 no acusa recibo. En cualquier caso, un oxímoron es una figura retórica que junta dos conceptos incompatibles, como en horriblemente hermoso, ruido silencioso, o perfectamente imperfecto.
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