Domingo 09/12/2001

Las palabras son como el chicle, pero al revés. Si las masticas mucho rato pierden su sabor original, pero a cambio generan todo tipo de extraños significados. Practiquen un rato en sus casas.

Por ejemplo, la realidad probablemente sea lo que determina la voluntad del rey. Lo que el rey no quiere, y en virtud del poder que de Dios ha heredado, deja en el acto de existir. O después de un plazo prudente durante el cual se hacen cargo los organismos desrealizadores pertinentes. Extrañar es el proceso de convertir a alguien querido en un completo extraño. Mientras más lo extrañas, más extraño se vuelve. Ser amable es tener características que hacen que otros te amen, aunque eso ya lo había notado Silvio Rodríguez. Y así con tantas y tantas palabras.

Usar palabras de otros idiomas es también una experiencia curiosa. Una vez llamé walkman a uno de esos reproductores portátiles de cintas magnéticas, convirtiéndome de inmediato en objeto de las burlas de mis pares. Al preguntar cómo se llamaba, me dijeron que su nombre era pérsonal. Hace poco peña me explicó que el primero en entrar al mercado chileno fue un modelo de IRT llamado Personal Stereo, antes de que lo hiciera la versión original de Sony. Curioso también es el extrañamente popular CD-Room, dispositivo muy semejante a un CD-Rom.

Las palabras pueden gastarse, como si fueran batería o depósito a plazo. Pueden estar vacías, como cuando dices te quiero mientras miras los goles de un partido de fútbol de segunda división. Pueden ser cuchillos, como terminar con alguien diciéndole que es la segunda en la lista de espera después de la mujer amas. Pueden ser señales, como cuando te encuentras marcando su teléfono cuando sabes que no está en casa, sólo para escuchar su voz en el mensaje del contestador.
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Carita de cebú
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