Sábado 08/12/2001

La psicología criminal es un tema interesante. Por ejemplo, ayer fue sentenciado a cadena perpetua un individuo que envenenó, y enterró estando aún vivo, a un cómplice para evitar que lo delatara por uso fraudulento de cheques. ¿Cuál será la sentencia por uso fraudulento de cheques? Me llama la atención, y esto puede parecer un tanto frío, la forma poco inteligente en que ocurrieron los hechos. Volviendo a Arica desde Iquique, el homicida y dos cómplices ya habían intentado envenenar al posible delator, pero al fracasar volvieron a intentarlo. Esta vez lo invitaron a un paseo al valle de Azapa, donde le dieron un pastel que habían aderezado con estricnina. Sólo tres días después, el cadáver fue encontrado por personal del SAG que trabajaba en la zona.

Un concepto útil en estos casos es la llamada razón instrumental, término que se aplica por ejemplo a las eficientes y eficaces formas de los nazis para asesinar judíos, o los ingeniosos instrumentos de tortura inventados a través de la historia. Este apellido, instrumental, supone que la razón debería ir naturalmente acompañada de principios morales, y en caso contrario estamos ante una razón perversa. La inteligencia al servicio del mal. Tal vez podríamos hablar de una estupidez instrumental. Quizás que habrá pasado por la cabeza de ese tipo al considerar que en vez de arriesgarse a una condena por fraude con cheques, era mejor arriesgarse a una condena por homicidio con premeditación y alevosía.

En otro sector de la justicia, fue suspendido por cuatro meses el juez de Puerto Aisén fotografiado en un prostíbulo. Se abrió además un cuaderno de remoción que podría conducir a su exoneración. El juez alega que fue drogado y fotografiado con el objeto de chantajearlo. Puede que sea cierto. O no. Da lo mismo, porque lo interesante es que el juez dijo estar arrepentido por supuesto, como cualquier hombre lo estaría. ¿Arrepentido de qué? Si efectivamente lo drogaron y obligaron a actuar en contra de su voluntad, no tiene de que arrepentirse. Por qué arrepentirse de que algo que lo obligaron a hacer, que no tenía como evitar, que no supo que iba a hacer, y que probablemente hizo sin estar consciente de lo que hacía. A lo mejor esta mencionada droga sólo lo hizo perder inhibiciones, y entonces se arrepiente de las cosas que en el fondo quiere hacer pero no hace normalmente porque se lo impiden sus principios y valores. Que triste sería. Si a alguien en el fondo le gustaría ir a bailar desnudo con unas prostitutas, ¿por qué tiene una moral que se lo impide? Después de todo, la moral es voluntaria. Bueno, aquí pueden atacarme unos fundamentalistas miopes asegurando que el bien, la verdad y la belleza son absolutos y constantes dentro de los confines del universo, así que mejor me detengo. Creo que no estoy dispuesto a morir por lo que creo, si no puedo ni estar seguro de que mañana lo voy a seguir creyendo.
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Externo solar
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