Fracasó la misa en que una comunidad escolar de Ancud iba a pedir perdón a su obispo, por protestar con palabras
ofensivas ante una decisión que tomó. Hace un tiempo, la iglesia católica pidió perdón por los errores cometidos
a lo largo de la historia.
Me pregunto qué significa pedir perdón ¿Es darme cuenta de que cometí una equivocación, y pedirle al afectado que
no me guarde rencor? ¿Y eso en que beneficia a las víctimas de mi error, si por ejemplo el error es irreparable? En
nada, supongo. Sólo me anestesia un poco la conciencia. En realidad el único que hace algo difícil es el que tiene
que perdonarme. Pedir perdón es como pedir limosna: al único que le duele es al que la da.
Tal vez pido perdón cuando hago algo incorrecto, sea lo que sea semejante cosa, y después me arrepiento. Pero es
la misma cosa. ¿Qué significa arrepentirse? ¿Qué cambié de escala de valores, y lo que antes me pareció apropiado
ahora fue a parar a otra categoría? Es decir, no me di cuenta de que lo bueno era malo y lo malo bueno, que lo
blanco era negro y viceversa, pero ahora veo con total claridad.
Rara la cosa. Porque si esto de vivir en tinieblas y de repente ver la luz es complicado para un simple mortal,
imagínense como es para una institución que básicamente se dedica a la administración, ordenamiento y clasificación
de verdades, y a la conversión de certezas en procedimientos, protocolos, reglas, cánticos y oraciones. En 1992,
siglos después de haber condenado como hereje a Galileo por haber afirmar que la tierra gira en torno al sol,
una comisión encargada por el Papa resolvió que 359 años atrás habían cometido un pequeño error. Es lo de menos
el tiempo que les llevó darse cuenta. Lo curioso es como puede una institución mantener su credibilidad ante
semejantes cambios de opinión. ¿Cómo creerle a alguien que sistemáticamente hace afirmaciones tajantes y sin
derecho a pataleo, y después sistemáticamente se arrepiente haciendo otras afirmaciones tajantes? Tal vez el
secreto está en que existen algunas certezas más ciertas que otras. Por ejemplo, cuando la iglesia católica
afirma que de una mujer nació el hijo de Dios, estamos ante una certeza sólida.
Pero cuando crea la Inquisición y santifica la tortura y el asesinato en nombre de Dios, nótese que hablamos del
mismo Dios, estamos ante una certeza más flexible. No olvidemos que ambas certezas provienen de un intermediario,
la iglesia católica, y nunca podemos escucharlas directamente de la fuente, Dios en persona por así decirlo. Y
este traductor e intérprete, no nos da ninguna pista para distinguir las verdades permanentes de las temporales,
presentándolas todas como manzanas de un mismo cajón. De vez en cuando algunas salen envenenadas. La serpiente. El
Papa. La bruja de Blancanieves. Supongo que es mejor no hablar de ciertas cosas.
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