¿En qué momento los programas de televisión se convirtieron en Teletones? La caridad televisada siempre fue un poco
más disimulada, como ir a hacer el ridículo en Afírmese usted compadre para obtener los $500 de premio
de consuelo, y cosas así. Ahora los matinales organizan campañas, los consultorios televisivos buscan gente en
desgracia para juntarles fondos, los híbridos faranduleros de la noche hacen concursar a los famosos de turno para
que alguna organización necesitada reciba un poco de plata.
Y eso ayuda al rating. Y el rating consigue auspiciadores. Y los auspiciadores dan dinero. Y a nadie parece
importarle que la caridad ayude al lucro. A mi no me importa, en realidad, porque la caridad en cualquier forma
me parece repugnante. No doy plata para la Teletón, no le doy a la señora con guagua en el semáforo, y no le doy
al que se sube a la micro a contar que necesita un monitor para su hijo que sufre de muerte súbita. Y no lo
hago, estoy conciente, porque me hace sentir mejor. Al igual que me hace sentir mejor no botar un papel en la calle,
sabiendo que ese gesto mínimo no va a hacer que la calle tenga menos basura. En el fondo todo lo que hacemos es
egoísta, pero eso es otro tema. La caridad es una forma de aprobación de un sistema que no se interesa por resolver
problemas de fondo. La caridad equivale a decirle a la señora del semáforo que siga arrendando la guagua para
mendigar, que eso es más rentable que buscar trabajo. En parte porque una mujer sin educación tiene menos
posibilidades de conseguir trabajo que un mono de circo. En parte porque efectivamente mendigar es más cómodo y
rentable.
Pero eso en realidad no parece importarle a nadie. La gente se ve feliz de ayudar. De ayudar a que los niños
con SIDA sigan viviendo de la caridad. De ayudar a pagarles el sueldo a los Rafael Araneda y las Paulina Nin de
Cardona. Pan y circo. Dos pájaros por 500 pesos. En realidad hoy no se me ocurría nada para escribir, y creo que
debería haber dejado la página en blanco. Cuando uno no tiene nada entretenido que
decir siempre termina diciendo algo deprimente.
|