Viernes 23/11/2001

En vista de que no se me ocurre nada, y a propósito de un reportaje aparecido hoy sobre la jerga juvenil, invocaremos el sagrado derecho al reciclaje. Este curioso texto fue escrito en conjunto con el melenudo, por allá por 1990, y publicado en forma anónima sobre una pared de Beaucheff poco después del Mundial de Fútbol con el nombre de Manifiesto. Al observar a los lectores, era fácil descubrir caras de incomprensión y muy pocas risas.

"Es bueno de vez en cuando decir las cosas por su nombre y poner los puntos sobre las íes; así pues, como dijo el carpintero, manos a la obra.

Consideramos macanuo esto de estar en la Universidad con tanta gente simpática, dije, en fin, buena onda, y aunque las gallas no son muy encachadas, es bueno compartir momentos gratos con cabras que estudian lo mismo que uno.

Díganme si no es choro encontrarse con los amigos, ir a echar la talla después de clases y, por qué no, hacer la chancha en la cafeta y jugar al cacho ... caballo!. Además, nunca falta el mateo que se achaplina y que anota hasta los suspiros del profesor y, después, a fotocopiar se ha dicho.

Y al mundial se lo llevó el río, y la escuela volvió a esa calma chicha que la caracteriza. Todavía me acuerdo de cuando nos juntábamos con los chiquillos a echarle una mirada al partido, mientras disfrutábamos de un rico berlín o una deliciosa empanadita de pera. Claro que entre tanta conversa había que estar ojo al charqui con los goles, o con los picapleitos y buscabullas que siempre aparecían a caldear los ánimos, pa puro embarrarnos estos momentos de sano esparcimiento y entretención.

Pero no hay que descuidar el estudio tampoco, porque si no a final de semestre la cosa se pone color de hormiga, y chupalla que es penca cuando los amigos pasan y uno se queda atrás, perdiendo esa cosa rica que es la amistad. Y después sólo queda juntarse una vez a las quinientas en un malón o una kermesse, y reírse de buena gana recordando los momentos que pasamos cuando éramos lolitos; tan re bien que lo pasábamos! Acordarse del guatón Manriquez, del pelao Arévalo, del chico Escudero; o del chascón Sepúlveda, que siempre andaba metiendo la pata; el cabezón Gamboa, todo el día jugando a la pelota; el pulpo Contreras, tan picao'e'la araña que era el pulpo; el chalo, el juanaca, la rucia, el carlanga, la chica Alvarado, esos si que eran buenos tiempos por la chita!

Y las pruebas, churra! Porque en la escuela no todos los ramos son papaya, y aunque algunos son coser y cantar, siempre hay otros dispuestos a embarrarnos el semestre; pero bueno, eso nos pasa por echarnos el pollo de las clases. Y si no igual al final apechugamos haciéndonos los lesos con algún torpedito; chi claro, si el que no se arriesga no cruza el río. O si las cosas pasan de castaño a oscuro, aperrar con el ayudante no más; si ahí hay que estar al cateo'e'la laucha, y de más que nos toca uno de esos que son un pan de Dios y que nos hacen la paleteada ... porque pucha que hay que ser avispado en esta escuela!

Y sino, después igual nos sale un brillo, o vamos por ahí a mover el esqueleto con unas cabras encachadas ... descueve! O nos metemos con un lote en algún boliche, a tomarnos unas pilsocas y pinchar con algunas pollitas ... claro! Ahí siempre sale el más buenmocito a abrir camino, y después todo es miel sobre hojuelas para los que son más pelientos, que al final igual terminan con su chinchorrita o incluso, si hay suerte, con alguna niñita guapa. Aunque siempre están los más huachacas que caen de paracaidistas por si apechugan con su minita ... no faltan! Haciéndose los choros y tratando de pasarlo bien a costa de uno.

Además, siempre hay algún pijecito que hace fiesta. Uno se pone la mejor pinta, y de patudo no más se cuela y lo pasa regio! Ahí con la tracalá de caletas siempre se encuentra algún yunta y, si es que no nos ha hecho alguna chanchada, nos dedicamos a echarle un lukin a las minitas del barrio alto, que siempre son de lo mejorcito. Y si hay alguna mocha, pegar un par de combos y salir cascando, mientras la dueña de casa nos grita "... estos sabandijas andan puro sacando la vuelta y vienen a comer y a armar camorra ... si de tontos no tienen un pelo!".

Y si hay algún problema con los amigos, se hablan las cosas largo y tendido, con las cartas sobre la mesa ... nada de andar tirando a la maleta o armando cahuines. Si hay que ser bien hombrecito, por la flauta! Y nada de andarse achunchando o embolinando la perdiz por si las moscas, si al final igual somos uña y mugre, y lo pasamos el despiporre, entrete, cototo, chori, súper rico, del uno aceituno, igual pascual, cómo estoy Godoy?"
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La última cena
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